
José Carlos Martínez. `Estrella dentro y fuera´
Publicado en la Revista `Por la Danza´. Número 74
Estrella dentro y fuera
Hace diez años, un esbelto y elegante murciano era nombrado Etoile del Ballet de la Ópera de París. Una década después, sigue siendo un referente del templo de la danza por su elegancia, disciplina y humildad. A pesar de su estatus de estrella, en un momento de inspiración decidió guardar con llave su ego. Ocurrente, sencillo y seguro de sí mismo, José Carlos Martínez se enfrenta a un futuro plagado de retos profesionales.
Por Anabel Poveda

Tiene el porte de los bailarines clásicos, incluso vestido de calle. Sus formas le delatan, la elegancia de la que hace gala encima del escenario sigue intacta mientras conversa o se toma un té. Ha hecho un viaje relámpago a Madrid para recibir el premio Murcianos de El Mundo, un galardón que celebra la brillante carrera del bailarín de Cartagena. Aprovechamos la escapada para hablar con él, bajo un cálido sol de invierno, con el Palacio y el Teatro Real como testigos mudos de nuestro encuentro.
A pesar de haber hecho toda su carrera fuera de España, José Carlos Martínez no olvida sus orígenes. “No se me olvida de dónde vengo porque en la Ópera de París, a partir de unos años, me adoptaron y ponían el bailarín de origen español… así que tuve que plantarme y puntualizar: de origen español no, español, murciano y de Cartagena. Que después de 23 años fuera de Murcia, den este premio a la labor que estoy haciendo como bailarín y como coreógrafo, es tan entrañable que merecía el esfuerzo”. A pesar de volver a España con menos frecuencia de la que quisiera, en Cartagena siempre le espera una legión de familiares dispuestos a hacerle sentir como en casa. Entre risas, asegura que los recibimientos son tan calurosos que tiene dos vidas paralelas, la francesa y la española. “Cuando llego parece como si nunca me hubiera ido”.
Pero sí, hace ya 23 años que salió de su Murcia natal para emprender una brillante carrera que, en 1987, le llevó hasta la Ópera de París. Con 18 años se plantó en la Escuela con las ideas muy claras. La fama de la Ópera no es infundada, no en balde son muchos los bailarines que no aguantan la presión y la competencia de una de las mejores compañías del mundo. “La escuela es muy estricta, tienen esa manera de bailar francesa que todo el mundo tiene que ser igual, como dictan los libros. Cuando yo llegué había pasado esa etapa de formación, pero me encontré con la competencia del cuerpo de baile. Como son 154 bailarines la estructura es piramidal. Primero estás esperando que alguien se ponga malo para bailar, después haces un examen para estar en la última fila, luego otro para bailar más, para solista… eso hace que la gente empiece con diez años y esté junta hasta los 42. No es que la gente se lleve mal, es que la competencia tiene que estar porque no es una compañía en la que se vaya la gente y entre gente nueva, ahí todo el mundo se conoce con sus virtudes y sus defectos”. Pero lejos de achantarse, José Carlos cree que las ganas de bailar pueden con eso y con más. “Hay que valorar todas las experiencias que tienes, el repertorio, las condiciones de trabajo… porque de eso te das cuenta cuando sales a bailar con otras compañías; los horarios de trabajo que tenemos aquí, las clases que dan los profesores, el escenario, la escenografía… la calidad que tenemos en París no se tiene en todos los lados”.
Ha forjado su carrera paso a paso, sin saltarse ningún peldaño. Fue ganándose el puesto hasta que el 31 de mayo de 1997 fue nombrado Bailarín Estrella. “Es una fecha especial porque se hizo la nominación, pero en ese momento ya llevaba un año y medio, casi dos, bailando todos los papeles principales. No fue un cambio radical sino una continuidad, el reconocimiento al trabajo”.
Un bailarín con estrella
José Carlos se considera afortunado por la época que le ha tocado vivir. La apertura a las nuevas tendencias de la Ópera de París le ha permitido brillar en uno de los repertorios más amplios del mundo. “Lo que más me ha gustado de estos diez años ha sido la experiencia de trabajar con coreógrafos contemporáneos. En la Ópera ha habido un cambio y yo he vivido el momento mejor en cuanto a la evolución de la danza. Los tres o cuatro primeros años hice muchísimo clásico, y luego me abrí a otros estilos. Llegué en muy buen momento; además, creo que si no hubiera llegado en ese momento me habría ido, porque mi ilusión no era ser Bailarín Estrella de la Ópera de París, yo lo que quería era bailar, caí ahí por casualidad, me fue bien y me quedé”.
De estos diez años se queda con el trabajo de algunos coreógrafos. Le marcó especialmente el encuentro con Mats Ek preparando Giselle. “Ha sido un coreógrafo que ha contado mucho para mi parte humana como bailarín, Mats trabaja con el bailarín que tiene enfrente y con lo que eres como persona, es enriquecedor para ti porque trabajando con él llegas a conocerte mejor a ti mismo”.
Otra experiencia enriquecedora, aunque más dura psicológicamente, fue su encuentro con Pina Bausch. Para un bailarín como José Carlos, con un altísimo nivel de autoexigencia, encontrarse con alguien aún más exigente que él fue sorpresa y tragedia a la vez. “La primera vez que trabajé con Pina me hice un esguince en el dedo gordo del pie y no pude bailar, creo que fue psicológico por pensar que no estaba a la altura de sus exigencias. Vamos a volver a hacer esa pieza esta temporada y es una espina que tengo que sacar. Trabajar con ella fue difícil porque es extremadamente perfeccionista. No deja cabos sueltos, puede estar veinte minutos trabajando un pequeño movimiento. Me da un poco de miedo pero a la vez es un bonito reto”.
Con el tiempo, José Carlos se ha convertido en un bailarín todoterreno, puede estar bailando Giselle por la noche y preparando el Nosferatu de Gallotta por la mañana. “Es duro para el cuerpo, por las diferencias que existen entre unas técnicas y otras, pero ser Bailarín Estrella hoy, implica tener esa resistencia y esa versatilidad”. Después de diez años, se puede permitir el lujo de elegir, porque los bailarines más jóvenes lo quieren bailar todo. Lo duro es decir no. “Tienes que dejar pasar cosas y eso es difícil porque cuando eres bailarín quieres bailarlo todo, cuantos más coreógrafos vienen, con más quieres trabajar; y el hecho de decir con este sí, y con este no, es duro. Además, a mis años, cuando sientes que a tu carrera le queda menos, uno baila cada pieza como si fuera la última vez. El repertorio rota cada tres o cuatro años y puede que, lo que baile ahora, no lo haga nunca más”.
Afortunadamente, José Carlos asegura que está en una situación en la que siente que su cuerpo no va a durar mucho, pero que también sin trabajar demasiado, hace las cosas más fácilmente de lo que espera. “El cuerpo está acostumbrado y lo hace solo. Tengo esa ventaja que es un lujo. La experiencia hace que te enfrentes a ello de otra manera. Ahora me estoy aprovechando de todo el esfuerzo de años anteriores, es mi recompensa”. “El tiempo pasa y si hago la suma de lo que el cuerpo me permite hacer, y lo que a mí me gustaría hacer, creo que ya lo he hecho todo; pero si de pronto tuviera un repunte de energía, o una segunda juventud, me gustaría hacer un montón de cosas más…”.
Coreografiando a los coreógrafos
Hace tiempo que a José Carlos le picó el gusanillo de la coreografía. Su primera duda fue en qué estilo empezar a coreografiar, y que sus piezas no parecieran una copia de obras ya existentes. Así que, a través del ballet clásico, decidió hacer un homenaje a todos los coreógrafos que le han influido a lo largo de su carrera, dejando claras sus intenciones en el programa de mano de Mi favorita: “Todo parecido con cualquier ballet no es pura coincidencia”, una sentencia que acompañó de una larga lista de nombres y agradecimientos.
A raíz de esa experiencia, y de su paso por la Escuela de la Ópera, donde trabajó con un grupo de 40 niños de entre 8 y 12 años, no descarta dedicarse a la docencia en un futuro. “Creía que la enseñanza no era para mí, pero tal vez sí”.
Para el año 2008, José Carlos tiene un proyecto que le quita el sueño. Brigitte Lefevre, directora del Ballet de la Ópera de París, le ha encargado una coreografía completa para la compañía. Habrá una creación musical original y cuenta con todos los medios a su alcance. Brigitte le ha dado carta blanca para la coreografía, la escenografía y el vestuario (que será obra de Agnès Letestu, Bailarina Estrella y pareja habitual de José Carlos en el escenario). Consciente de la responsabilidad que conlleva, asegura que dijo que sí porque “una oportunidad así no se presenta dos veces en la vida”. “Va a ser una prueba de fuego para saber si soy, o no, un coreógrafo. Lo mismo tengo que salir huyendo de allí y esconderme en algún sitio”. Mientras la faceta de coreógrafo empieza a consolidarse, su rol de bailarín sigue imparable. Después de dos galas en Murcia y Málaga, se va a bailar con la Ópera de Roma. En verano viajará a Japón, participará en la primera gira por Australia de la Ópera de París y en 2008 estará en la Expo de Zaragoza.

En contacto y predispuesto
José Carlos nunca se ha postulado como el bailarín que devolvería el ballet clásico a España, pero está muy al tanto de lo que se cuece en su país. “Parece que empieza a haber más movimiento, nos cruzamos en galas, hablamos por teléfono, y ya se ve que va evolucionando la situación; aunque creo que más por parte de los bailarines que de las instituciones. Como todos nos vamos haciendo menos jóvenes, hay ganas de volver, y el hecho de que todos tengamos nuestra carrera desarrollada en el extranjero, hace que tengas ganas de hacer otras cosas, de moverte… y de ahí todos esos proyectos de Ángel, Tamara, María, Óscar y Laura… toda esa generación de bailarines que quiere seguir avanzando y hacer otras cosas”.
En su caso, con el futuro resuelto en la Ópera de París, no descarta ninguna posibilidad. “No tengo necesidad de volver a España, pero sí ganas. Yo creo que sí que volvería si hubiera algo interesante para mí, no voy a venir para no hacer nada. Cuando no tienes otra opción, vienes aquí y te buscas la vida para ver qué puedes hacer. Pero yo tengo el futuro solucionado allí y no me planto diciendo que voy a volver. Pero lo he hablado con todos ellos y saben que, con cualquier proyecto que sea para que la danza avance en España, estoy de acuerdo. Estoy al margen pero en contacto con todos porque creo que saben que puedo participar en cualquier cosa que hagan, sin problemas, y sin tener ningún protagonismo”.
Si le dan a elegir, opta por un futuro que le permita viajar, y volver puntualmente a París, porque estancarse en un sitio le da miedo. “Me da la impresión de que voy a tener varias posibilidades y luego veremos por dónde me lleva el viento”.
Sabe que pertenece a una generación sacrificada que tuvo que salir fura porque no había elección, y comparte con sus compañeros la frustración de haber bailado poco en España. “Me hubiera gustado que me hubieran visto bailar mucho más, pero con buenas condiciones, y como esas condiciones no se daban…”.
Vitalista por naturaleza, José Carlos analiza su trayectoria y sentencia: “Mi carrera no la cambio por nada, he bailado tanto que estoy contento con lo que he hecho, si tuviera que dejar de bailar mañana, no pasaría nada, estoy en paz conmigo mismo. Todo lo que baile a partir de ahora es un regalo”.
